Creo que uno de los grandes problemas de escribir en plataformas digitales (véase Substack, Medium…) es que la dinámica es muy similar a la de redes sociales de carácter audiovisual (como TikTok o Instagram).
Se dificulta llegar a un público que valore tu contenido sencillamente de la misma manera que se te dificulta a ti consumirlo. Porque no tenemos el mismo aguante ni la misma capacidad de atención que teníamos hace cinco años, o hace tres. El contenido debe de tener cada vez más estímulos. De hecho, cuando trabajaba en marketing recibí una formación en la que se hablaba precisamente de eso: cambios de plano cada 2/3 segundos y estímulos visuales constantes. Si no, has perdido a un potencial espectador.
El caso es que en la escritura, por mucho que juegues con los giros o con la trama en sí, es muy complicado conseguir ese nivel de estímulos. Yo he encontrado, sin embargo, algo muy agradable en esta dificultad. A menudo no me lee nadie, y conservar mi sitio, poder hablar y expresarme sin ningún tipo de presión externa, sigue siendo valioso.
La moraleja de todo esto es que siempre hay un lado positivo por el que mirar el arte, y que diez lectores ya merecen la pena para sacar adelante un proyecto escrito. Imagínate una sala en la que diez personas comentan tus textos. O imagina qué pasaría si uno de tus escritores favoritos lo hubiera dejado porque solo le leían diez personas.
Crear tiende a ser más fácil cuando te liberas de las expectativas impuestas por el ojo del otro.
